
EDITORIAL DEL NÚMERO 1.
Una hendidura atraviesa nuestra contemporaneidad. Conformada
cada vez más acentuadamente por los discursos de la razón científica, instrumental
y tecnológica, no conociendo, por eso mismo, otros valores que los de la objetividad,
la eficacia y la transparencia, se vuelve cada vez más refractaria a la subjetividad
de los individuos que la habitan.
Vaciada de mitos, ausente de religiones y enmudecida la filosofía -o convertida
en una filosofía de la razón que ha negado la pregunta por el ser del sujeto
que la constituyera-, sólo los espacios -convertidos en guetos- de las artes
ofrecen a los sujetos lugares donde articular su interrogación. Espacios estos,
entonces, de supervivencia, pero totalmente refractados por aquellos otros,
dominantes, donde los hombres y mujeres de nuestra tiempo deben sin embargo
vivir su cotidianidad volviéndose objetivos, eficaces y transparentes -es decir,
después de todo: económicamente rentables; pues no otra cosa que el dinero da
la medida de su objetividad y su eficacia; y porque el dinero, valor de cambio
sin densidad, parece devolver la única referencia de su identidad, transparentes,
carentes de toda opacidad -de todo misterio, de toda interioridad.
Y así, ese vaciado de la subjetividad que ha llevado a la Modernidad a la
cúspide de su esplendor racionalizador ha supuesto, simultáneamente, el vaciado
de todo horizonte histórico: ha sido entonces cuando ha comenzado a hablarse
de posmodernidad.
Pero porque el fondo de pasión que habita al sujeto no cesa por ello de seguir
ahí presente a la vez que se le excluyen las vías -las tramas- simbólicas que
permitan su articulación, su inscripción en el espacio social, la amenaza de
la barbarie se muestra una y otra latente entre las sombras de esa posmodernidad.
Trama y Fondo nace de la voluntad de pensar esa hendidura de nuestro presente,
de hacer frente a esa quiebra de la subjetividad que nos instala en la dialéctica
del vacío y la barbarie. Nace, por eso, de la voluntad de pensar nuestro presente
a través de sus textos. Reivindicando, en esa tarea, el rigor de la razón, pero
el de una que lejos de dar la espalda al sujeto se alimente de su pasión y sea,
por ello mismo, capaz de oir su interrogación.
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